Revista Internacional de Poesía : "Poesía de Rosario" Nº 20
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  COMUNICACIÓN CON EL EDITOR
LUIS BENÍTEZ


Luis Benítez


Manhattan Song

(Cinco Poemas Occidentales)

 

Para Susana Miriam Gerbiez,

 estas palabras de un tiempo

en que no la conocía.

To my friends, the writers

Robert Roth, Rafael Bordao and Nick Stix.


Una tarde en el jurásico

 

El Hudson

 

Cinco contrapuntos para Erasmo de Rotterdam

 

Garbo´s Building

 

Una borrachera de Pico de la Mirándola

 

Prólogo del autor

 

Escribí estos versos entre 1992 y 1993, cuando vivía en Nueva York, sí, pero como de costumbre, creo que la poesía no tiene temas, o que si los tiene, los emplea como excusa para referirse a otras cosas. Entonces, difícilmente se pueden buscar con ingenuidad en las páginas siguientes referencias a esa ciudad, rasgos anecdóticos o cualquier otra cosa del mismo tenor. El Hudson puede ser el Yang Tzé o el Mapocho o el mismo Río de la Plata. Los nombres propios que aparecen en este libro los inventé o bien, si corresponden a personas que conocí y traté, no se corresponden con sus personalidades. Hay aquí detalles que pertenecen a la realidad y otros que provienen directamente de la imaginación, como en los sueños. Como lo real es siempre inapresable, estimo que al valorar lo que supuestamente conocemos de nuestro entorno, incurrimos en la misma negligencia, que obviamos para no inquietarnos. Cuando hablamos o escribimos sobre lo que creemos conocer, gracias a esa involuntaria estratagema decimos cosas mucho más interesantes.

Por ejemplo que, gracias a la analogía, Homero, Virgilio, Erasmo de Rotterdam o Pico de la Mirándola pueden estar incluidos en el contexto de Manhattan Song.

Sí creo –con la misma ingenuidad, probablemente- que todo poema es un fractal, una pieza anómala que altera el sistema al que corresponde, modificándolo y siendo modificado por todas las otras partes del conjunto, en este caso, un libro. Ello hace posible emplear distintos estilos como si fueran meramente recursos de estilo, para lograr así, con el conjunto, un estilo mayor, algo que, gracias a esta dinámica interna, se modifica continuamente, como lo hace el lector.

 

Luis Benítez

 

 

 

 

 

 

Una tarde en el jurásico

 

 

 

 

Un nombre trabaja mientras cae la nieve

 

Entre unos cobertizos con pilas de basura en cada puerta

Armados de apuro por la fatiga del caballo y del brazo

Todavía tres días después de la derrota un ciego canta.

 

De pie sobre una montura que apenas lo eleva del suelo

En la pendiente entre los pinos canosos

Y el indiferente vociferar de los tendidos que piden

Su puchero y su vino y una ramera que vieron

Antes de llegar a Quíos un ciego canta

Al ritmo de su lira de madera.

 

Sentado en la penumbra su criado deja el ojo asustado

Volar por los rostros cuando los alumbra el fuego

No lo distrae vigilar las mulas sino el cálculo

De la moneda de bronce que el oficial cansado

Le dejará en la mano cuando el ciego calle

Y él recorra los fogones con el sombrero en la mano

Y una sola palabra en la boca: “Caballeros…”

 

Alguien sale de su tienda remendada absorto

Camina dos pasos y se queda mirando al ciego

Y no ve nada por el peso de una decisión

Que le concierne y no ha tomado.

Una decisión que nada tiene que ver

Con las batallas. Alguien orina y se ríe

Contra un árbol. Otro borracho se calza

El casco de bayas crines de caballo

Aúlla un juramento horrible y se desploma

entre los camaradas de corazón fraterno.

 

Alguien busca en la radio no sabe qué ni dónde encontrarlo.

Sólo produce una voz multicolor

Sin partes pero su afán es largo.

 

El ciego tiene un traje nuevo y una voz ya entonces

Ronca donde se quedó el invierno. Hace una pausa

Y bebe lo que le alcanza un interesado -el único-

En volver a escuchar cómo enloquece Ajax

O qué suerte le aguarda a Héctor como si el ciego

Fuera a cambiar el suceder ficticio

Más severo que el otro.

 

Aunque, ¿quién obliga a esa bella palabra caballo

A referirse a esa sombra plateada?

Entre el sonido y la bestia

Algo contento pasa.

 

En el derrotado y ruidoso campamento

Donde ya las brasas se consumen

Las brasas que a lo lejos semejan

El dibujo de un archipiélago

En los mares oscuros fulgurante

Mientras la nieve vuelve

Y las otras voces se apagan

En murmullos

Mientras la nieve vuelve

Un ciego canta cerca de su criado

Y de sus fardos y nadie

En la región sabe su nombre.

 

Un camino insuficiente será posible:

Dividir el mundo entre el ciego y alguien.

 

“Cantá, odiosa, la cólera de Aquiles.

Bueno, desde entonces sólo amo dos cosas:

Los enigmas, las paradojas y los juegos de palabras,

Donde la palabra cazador aguarda inmemorial

El imposible paso de la palabra ciervo

Por el laberinto de la palabra diccionario

Para manchar de repetidas palabras sangre

La palabra verde. Queda claro mortales

Que yo  no me visto para los otros

Sino solamente para mí.”

 

Underground New York

 

Arriba sopla el cannabis

El viento de la ciudad entre los que hablan solos

Y aquí abajo los trenes brillan y van y vienen

Por el cribado laberinto. La mujer negra borracha sola

A medias incorporada sobre el banco de la estación Lexinton

Le explica interminablemente al prudente policía

-Oigo apenas entre el bosque de sombreros que sonríen

Las blancas manos que aprietan sus carteras

Los impávidos latinos que como yo

Son bárbaros en la farsa de Roma-

Los detalles de una muerte –es su esposo un niño o su trabajo-

Que la llevaron al abandono de la recta vertical de su cuerpo larguísimo

Al charco que bajo el banco de la culpable se derrama. Al abandono.

Entonces la pequeña japonesa

-Dónde dejó la vitrina minúscula de su caja de música

El tu-tu absurdo como la envoltura de un bombón

A mitad de camino entre los agujeros de las medias de baile

Y la cara de la loca-

Hizo un rotundo croisse

Burlando con su pelo amarillo

Las mandíbulas verticales

Clavada en puntas de pie sobre el piso en movimiento

Un lago de los cisnes a toda carrera

Bajo el piso nevado de Manhattan.

 

Luego el vaso blanco de su delicado y dignísimo gesto

Entre saltos y reverencias y miradas a otra parte

Sin abandonar el otro lado desde donde no nos miraba.

Dónde estaba la pequeña japonesa

En qué salón de luces y de aplausos

Cuando en medio del vagón inclinó el tronco y la cabeza

Y extendió las manos de uñas despintadas

La boca torcida por su risa demente.

 

En el fondo del vaso sola como su alma la moneda.

 

 

La suerte del amor en la posmodernidad

 

Alguien dijo que nada queda de distinguido en este mundo

Salvo el hábito de la cacería de osos polares

En el verano ártico. Aunque parezca obscena,

Es una actividad ejecutada seriamente:

Familias enteras viven de este afán de conservar

Algo distinto, inmaculado todavía.

 

Hay hombres serios cada primavera calculando

Que con lo que dé el verano enviarán en invierno

A sus hijos a la escuela. Sucede en tierras tristes:

Kholokohak, Furstboro, Saint Felicien

Son algunos de esos lugares donde,

A medida que se retiran los mosquitos

Y la niebla cede, tienden la vista a lo lejos

O acechan el teléfono, atentos

A la agencia que solicitará sus servicios.

 

Dos meses después, cuando todo haya sido concertado,

La aurora boreal hará iridiscente el paisaje cubierto

De nieve sucia mezclada con barro y ramas,

Grandes montones peligrosos por donde

Estos hombres graves fumarán sus Marlboro

Guiando pausadamente al extraño al mismo sitio,

Al mismo oso muerto el verano anterior.

 

Luego las fotos, los mesurados festejos,

La alegría que tiene que haber en ese momento.

La alegría es un deber como cualquier otro.

 

Cualquiera sabe que la ballena azul

Es el más grande animal que jamás haya existido

Y que no se conoce actualmente su número,

Aunque se estima que quedan demasiado pocas

Para el decoro del planeta.

Un animal tan enorme debe ser, asimismo, conservado.

 

Los sonares y electrodos de la base de estudios de la vida marina en Maryland

Han detectado un nuevo sonido emitido por las grandes azules:

Es como un aullido asqueroso, un chillido de miles de ratones

Encerrados en las bocas de estas bestias, donde pueden

estacionarse cómodamente algunos automóviles.

 

Achicharra los nervios escuchar ese sonido.

Hace veinte años no existía.

Pero los códigos sólo se conservan desde entonces.

Se dice que son tan pocas, que han desarrollado

Ese sonido especial para llamar al imposible otro

De su especie. Es el deseo, que busca su eficiencia.

 

Que a veces, pasan su vida entera recorriendo

Los siete o más mares que hay buscando, buscando.

Finalmente mueren emitiendo ese sonido,

Cada vez  más débilmente, hasta que cesa del todo

Y unas decenas de toneladas de carne se depositan

En el légamo del fondo del sueño.

 

Una remesa nueva y silenciosa, al cabo de un tiempo

-fácilmente calculable- trocada en alguna capa más

de grano fino que engrosa la cubierta.

 

También están el tipo la tipa que descubren en la carroña

Que les ha tocado en suerte muy buenas cualidades:

La nobleza es una cuestión de la imaginación. Hace la vida

Más llevadera desde el desayuno hasta la cena.

 

Luego, lamentablemente, se sueña toda la noche con lombrices,

Grandes lombrices anilladas que te comen las articulaciones lentamente.

Tienen todo el tiempo de este mundo.

 

Pero ella/él son lo mejor que nos podía haber pasado.

Mirá si no todavía fresca esa gotita de sangre,

Esa gotita, que es todo lo que queda aquí, a la vuelta,

Del desgraciado/la desgraciada que se había animado

A vivir sólo consigo. Entiéndase: a solas con todo Eso.

 

Claveteando la puerta infatigablemente, arrimando muebles,

Poniéndole toda suerte de obstáculos, hasta comprender

Que es el monstruo mismo quien nos alcanza los clavos.

 

Desgraciadamente son la gente

Más romántica de este mundo: Sufren todavía más,

Dulces transformaciones del hombre y la mujer,

Obligadas a salvarse de la locura por el trasvestido salvavidas,

Adán con portaligas, eva con bigotes, representando

Incansablemente, dulcemente, áridamente,

A los últimos héroes de la sexualidad.

 

No son ciertamente ninguna alternativa.

Ya tampoco tienen ninguna novedad.

Hay una rutina, siempre

en lo humano hay una rutina.

 

¿Y qué hay de los vampiros, el don juan tirapedos,

la chica del adiós sin caspa sobre las tetas mayúsculas,

torneada a la lentejuela sobre la barra? Nadie

en su sano juicio tomaría eso en serio.

Pero bien pensando, ya no queda nadie

En su sano juicio en este fin de siglo.

Hasta esas reminiscencias son posibles.

 

Claro que habría antes que proyectar una película o dos,

Poner música, no sé, crear un clima que se hiciera

A sí mismo sostenible. Pocas cosas dependen

Tanto del ambiente. Habría que andar siempre

Con toda esa escenografía al hombro,

Y eso es trabajo duro, pesado alquilar tantos camiones.

Definitivamente otra cosa que no sirve.

Existe también la cuestión del presupuesto.

 

La hora exacta, los extras preparados, las luces, los diálogos casi,

Casi naturales, esa mesa blanca, el florerito, la curva del gabán exacta,

Exacta. Aquí el amor es cuestión de exactitud. Hay matemáticas.

 

Impensable el tema de los hijos que desayunan y vuelven luego

De la escuela, el pijama a rayas, esas madres contentas, los primos,

Las tías, los abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, toda la colección

De cretinos en “un largo viaje hacia el final de la noche”, oh Céline,

Confundidos en un inaudible aplauso que es el de toda la especie.

 

Lo de la simulación es otro tema, todo sería más fácil si fuera posible,

De alguna real, definitiva manera, someter al otro.

Si nos creyera, si no se retorciera de risa cuando lo dejamos solo,

Creyendo que creímos que creía. Porque detrás del ojo brilla

Siempre esa luz fatídica, ese jugar a los dados solamente

Porque todas sus facetas están en blanco.

 

El amor, esa Cosa, esa porquería que insiste.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una tarde en el jurásico

 

Ojalá no despertara.

Que la ciega noche me llevara

Hacia un día oscuro sin las horas

Menos una: aquélla tan precisa

Que hoy demora.

 

Lo que me salva me pierde

Y el resto es apenas mi memoria.

 

Barrida sea y lo puede una cosa sola,

Que con ella barrido será

Este universo,

Que lo abriga todo

Salvo una cosa sola.

 

Perdámoslo todo y de una vez

Ganemos en desolación.

 

Quizás así, desde la sola forma que nos lleva,

Se verá más claro: presente, pasado y futuro

Eran el verdadero engaño y los días las lenguas

De la mentira única: ése que se aleja

Nunca saltó de su silla, eso que viene no será conocido.

 

Suspendido en lo que pasa,

Indeciso como aquel que está seguro

Y yerra, siempre se verá más claro

Aunque no habrá perdón:

Esto espanta a los hombres desde el primer llamado.

 

Pero, ¿qué cuerno suena, para qué cacería?

Este halcón o palabra no volverá a la mano.

Japanese food

 

Cuál es su nombre usted era otra antes

Y ella se alegró de que hubiese alguna diferencia

 

Carmen López y usted es el primero que lo pregunta

Tomó mi sombrero y aquel ridículo impermeable verde

Que tanta gracia te causaba

 

(Aunque fuiste vos quien me lo regaló, en el momento

de abrir aquel paquete lo habías olvidado)

 

Mal de Simmons o de Porter o de ti,

Me dijeron un nombre y lo he olvidado

 

Carmen López me llevó hasta tus habitaciones

Donde sonreías entre cajas de pizza

Vacías, tiradas por el piso, o colocadas

Como si fueran pañuelos de batista

Sobre los mismos muebles

Que trajiste al abrir la casa

 

Esa casa que parecía haberse cerrado sobre vos

Sabía que habías engordado mucho

Alguien me dijo

“ha engordado mucho”

y lo siniestro era el tono

de “a mike le amputaron ambas manos

no mires mucho sus ganchos” del discreto

 

Y yo luché con tu imagen repetida miles y miles de veces a tamaño natural

Y en todo el mundo colocada en la puerta de las casas de artículos fotográficos

 

La del traje de baño y la sonrisa

Una chica de marca me miró con tus ojos detrás

Muy detrás muy adentro de tu figura como una silueta perfecta

Encerrada todavía en su bloque de mármol

 

Eso no era tan malo: yo no perdía de vista a la chica

Y Carmen López jamás la había conocido

 

Lo que me entristeció fue que tomaras la caja de pizza más cercana

Y me invitaras “japanese food” moviendo malamente tus labios

Que parecían tan pequeños en tu cara

 

Por jugar y por distraerte o por decirte algo

Te enumeré las ventajas que había en incorporar

La narrativa y mejor todavía la descripción

A los viejos arpegios de la poesía

 

Ahora que la prosa desdeña sus métodos y las fronteras

Entre los géneros levantan sus barreras

Para que pasen las mismas palabras de uno y otro lado

Las manos a la nuca y trotando

Apresuradamente por el puente

Apenas intercambiando rápidas miradas de inteligencia

Y gestos de saludo en la mitad

Aprovechando la fingida distracción de los guardianes

Pero corriendo

Corriendo siempre al otro lado

 

Japanese food comimos luego

Momentáneamente en silencio

Y sentí que masticaba tu imaginación

Y que su gusto era bueno

Y que ya no pesabas sobre mi corazón

Como al comienzo

 

Edgar Allan Poe decía lo de las campanitas y decía que no existía

tema más triste que la muerte de una mujer joven y hermosa

 

Querida

 

No es ligero ni frívolo ni estúpido decir

Que en nuestro tiempo la muerte es la gordura

 

El Hudson

 

O! Und dann wieder dies Bei-sich-selbst-Sein!

Diese Stummheiten! Dies Gebriebenwerden!

……………………………………………………

¡Oh! ¡Y luego estar con uno mismo!

¡Estos enmudecimientos! ¡Este andar a la deriva!

Gottfried Benn

 

Cuando la tomamos demasiado en serio,

La poesía empieza a tomarnos en broma:

 

Dónde es el papel, en qué otro cielo

Vuela este insecto porque yo lo escribo.

Por qué cadencias la madurez de su ausencia

Se troca en lo que ya antes sin yo saberlo era

Una agregada catástrofe, quizá feliz,

Sin que sea del todo aquí la falta del volumen

Y del peso, casi inconsistente pero ya

Medianamente cierto, éste

Que revolotea entre el cuarto y aquel cielo,

Sin duda tan entero como nosotros

Lo estamos de su lado.

Y si no, certidumbre decíme

De dónde viene y adónde va

Su desafiante respiración

Que señalás como ajena y es suya

Aunque lejana, en trayecto.

De igual modo allí están

Cuantos y cuanto no veo,

Adonde el insecto va y donde vuela...

 

¿Querés cuál insecto, decíme, tras esos bordes?

 

Nadie conjura nada que no lo haya evocado.

 

Y leer que es buscar

Lo que más se teme,

El otro acto tan indivisible

Como el caballo o el hombre del centauro,

No es atravesar ningún borde

Sino en la misma vigilia otra repentina forma;

Las manos que vuelven cada página

Abren la maleza de una ambigua selva.

Atardece, es de noche en la ciénaga,

Ya ves como obediente a la luz que declina

Se ha posado a cantar en la orilla vecina,

Las alas contra el cuerpo, inocente de todo.

Nada puede ocurrir si le acierta esta piedra.

 

 

 

I.

¿Qué otro río es éste bajo el nombre

Sino el mismo río que te mata, Heráclito, en sus aguas?

Las saladas y las dulces son el idéntico

Caudal que las transporta:

Una orilla es el Hudson, otra es el Ganges

Y hay otra orilla, además, para otros nombres.

 

Ancho y angosto, largo y corto río del mundo

Al que tomamos por sus meandros:

Incluso el que gotea en sus sótanos profundos.

Todo es la orilla: ni la rueda ni el fuego ni el lenguaje

Salieron jamás hacia otras tierras que no fueran esta azul Mesopotamia.

Siempre atrás, siempre adelante,

Nunca supiste, Almirante,

Cuán interiores

Eran las aguas que cruzaste.

 

Así es de noche y es de día en cada mitad del río.

 

 

 

II.

Qué ingenuo, viejo Hudson, el que creyó

Que iba a hablar de vos y del Rin y del Danubio,

Cuando esta noche he bebido tus metáforas

Como allá enfrente ¿es New Jersey? alguien bebe

Su vodka, su arak, su whisky, el usho de las Cícladas,

El vino negro y espeso de un fuerte mediodía.

El trago de tus aguas que emborrachan lleva

Al centro mismo de tu corriente múltiple:

 

Cuanto más quito de ella, más le devuelvo.

 

¿Qué relación habrá, íntimo Hudson, entre vos

Y este río al que veo escurrirse entre los puentes,

Este sí, seguro, de la estirpe del río único del que habla el primer canto?

Cuánto se aclararía y se enturbiaría de saberlo,

Entre un juego del mundo y un juego de palabras.

Pero tenía que engañarte a vos que leés o a vos que escuchás

(¿Dónde, en qué lugar correrá ahora, después de escrito,

El poema-río?) para que con menos desconfianza

me acompañaras a estos movedizos remolinos,

donde como en el desorden de una sopa de letras

muchos nombres se asoman y se esconden.

Me pregunto también qué pasaría si estuviera a mi lado

un poderoso policía, un hombre bueno,

y tuviera que explicarle todo esto paso a paso,

la intoxicación con agua que no está

pero que sí, también ella deja su huella en el aliento

y un andar trémulo y distante,

es esto ya una experiencia rara en el mundo

pero igualmente fácil de confundir con otras dilatadas pupilas,

con otros pulsos alterados, con otras alucinaciones ¿más baratas?

Ni hablar de las secuelas. Crea un hábito incontenible.

En otros tiempos seguramente había quien mataba para proporcionársela

(¿Me escuchás Gilles de Rais?

¿Me escuchás gran Tiberio debajo de la tierra?)

O nunca hubo nadie en ese trance.

Ni siquiera alguien que muriera por ella;

viejo Hudson de la mente, vos que sos su objeto y su riego

tendrías que saberlo y que decírmelo.

 

Ya nadie dice “caballo”

y hay un potrillo nuevo sobre el mundo.

Maldecí, bendecí, de ahora en más

el pan que llevés a tu boca sabrá a contradicción.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cinco contrapuntos para Erasmo de Rotterdam

 

I.

Gira en el espacio esta  pelota de crímenes,

Cruza tu inmenso cuerpo negro, Jack Frost,

En el centro del siglo XX el Minotauro:

Contra la peluda noche de Calibán

La constelación de Ariel recortada y solitaria

¿O en la noche de Ariel

el brillo aún de Calibán?

Solo entre tus holografías

Mudo y desnudo como una figura de tapiz

Escuchá Erasmo lo que dice para tus oídos de gobelino

El televisor, bestia parlante, sibila, dios hermafrodita de mi época:

 

“UN HOMBRE DE 1956

 

el perro desciende del lobo

y aun el hombre tiene del ángel

si no la espada un poco cada tanto

de brillo entre las sienes, un gran minuto

que compensa el plomo de diez años;

idéntico el hindú desnudo (que no es

el pensante payaso de sus imágenes,

sino el antiguo ario que habita el ramayana)

dice grave que al oro del tiempo

siguió el hierro, como el metal del día

se funde y se desangra en el hueco inevitable de la noche:

la alta luna que da al olvido.

veo girar la rueda: gira siempre

ya ha devorado a ovidio y a la liviana

caricia de lucano; suya y no del día

va siendo un poco más cada hora la gracias de tu albatros

tenebroso carlos clarividente. antes lo fue

la gaviota del viejo marinero.

el tiempo se alimenta de tiempo:

a mi alrededor todas las cosas dicen

que ahab cazará su ballena finalmente.

ya se inclina sobre sus libros aquella

que con ser apenas un Gran Recuerdo

era el Recuerdo. como su lector

ella tiene la cabeza blanca.”

 

Allí, en las sincronías, esto sin suceder

No detiene tu caballo en medio de la Aquitania,

Taciturno Erasmo, como la pluma sin pausa

Tampoco deja de apoyarse en la sacudida montura:

Pero Erasmo, ¿acaso vos, de la misma manera,

No hacés ningún caso de las ruinas romanas que salen al paisaje,

Como ellas desdeñaron a los profusos menhires de Bretaña

Surgiendo de sus  cimientos?

 

Y sin embargo, ya no es fácil separar a los bárbaros de los helenos.

 

No me digás que

la Gran Madre Biológica

Quiere raptar a su niña, porque eso es fácil

Y no digno de tu rictus permanente:

Allá en la meta Tomás no es todavía San Moro

Y ya tiene en la garganta una gran tiara roja:

El hombre es el único animal que muere por ética

Y ese es el más provechoso elogio de su locura,

Esto es cierto como todo lo que dice la radio;

Pero… ¿seguirán muriendo, Erasmo?

¿O volverán en acto, después de la palabra, a la Gran Madre,

que arrime el cuidadoso alimento,

el cuidadoso cultivo de los cuerpos donados,

el cuidadoso pensamiento, en fin,

para no lastimar ninguna de las delicadas partes mientras vivan?

 

Una vez más, ¿Ariel es la noche

O lo oscuro es Calibán?

 

 

 

II.

Cayo Suetonio Tranquilo iba del archivo a la orgía

Murmurando entre dientes “todo esplendor perecerá”;

Él contaba los césares con los dedos de la mano

“La historia siempre juega a los naipes”, repetía,

Siempre lejos del oído poderoso de Adriano.

“Sólo yo veo la mugre de sus manos

Dejar sobre el verde de la época lo gastado de la carta”,

Se consolaba en el bullicio de los baños públicos,

Entre las apuestas y los pactos para levantar

El precio del trigo en Aquitania.

“Ella tiene los dedos sucios”, insistía en el circo

Y “¿Cuántas Romas vendrán después de ésta?” suspiraba

Sin atender a las ofertas galas del mercado de gente.

“Sólo lamento que no vaya a estar allí para llevar las sucesivas estadísticas”,

Se persuadía en la cena:

Rellenas lenguas de flamenco, alondras en hojaldre,

Tibios entremeses de carpa, lampreas en salsa de jengibre,

Jamón de oso, truchas. Peones de ajedrez

Antes del gran jabalí sabino, espléndido como un imperio

Cruzado por ríos de foscum de Falerno.

“Mientras ésta y no otra sea mi única preocupación,

Estaré a salvo de esos dedos sucios”, concluía

Antes de dormirse… al día siguiente era otra historia.

“Ah, Lucano, vos viniste al mundo a divertirte.

Ah, Virgilio, vos pasaste por el mundo seguro de una ruta más feliz.

Ah, Horacio, tu nombre está hecho de incienso y de mareas.

Todos juntos me dejaron la alternativa única de esta noche.

La otra no es menos temible:

 

ANDREW MARVELL

 

arduo y astuto, por caminos invisibles

(a la usanza de Dios)

voy llevando al corazón de los hombres

el apasionado amor por la palabra:

así como dice la rama inclinada en el estanque

muda y sin un eco pero alada

y se repite. que la sociedad de poetas de londres

brame aullidos al rey y su perrera:

mío y de john donne es el fruto amargo de la rama.

ni los dialectos que vienen de más allá del mar

ni las candideces labradas al estilo del día

pueden con la fuerza que indica

que todo perecerá: mi poesía es del hueso

que dejan tras de sí los papeles y las épocas.

cuanto es el día no dura más que el día.

pero no está desnuda la pobre,

que siempre es la Obligada y la Rota, Invicta Abandonada:

yo venceré. no yo, sino la rama”.

 

 

III.

A fin de cuentas no hemos logrado nada.

Estos bocetos, fintas sobre el papel inconcluso,

El rollo enorme que se devana y devana

Cayendo sobre el piso como los pliegues de grasa

Del cuello de una ballena.

¿No fue todo, acaso, de Gilgamesh

A lo último, el Profuso Testamento?

Erasmo, no tenemos la dicha de ser Enkidu.

¿O tu Santo Moro es acaso, en el fondo,

Más allá de las formas la forma de Enkidu?

¿Si la Palabra es la hierba mágica,

Por qué no puede encontrarla Enkidu?

¿Acaso vos no sos la forma, Erasmo,

Que tuvo Enkidu de encontrar la forma?

En Babilonia la gente no quiere hacer nada,

Sólo Erasmo dispara contra el Reloj,

Como un antiguo duelista,

Mientras el Reloj susurra:

 

“no temas la depresión nerviosa

no mirés a la calle pero mucho menos adentro de tu casa

si alguien dice para animarte

´cada amanecer inventá una sonrisa´

no busqués la barreta de hierro

ni le pongas pentotal sódico en el vermouth

(lo primero es mera envidia

lo segundo el eterno y simple anhelo de compañía)

cae la sombra pero vos no le temas a la depresión nerviosa

 

pero cae la sombra

 

no conozco a ningún hombre inteligente

que no sueñe con ser el idiota

cuando sus dos se quedan a solas

 

pero cae la sombra”

 

Y si viene el Mantuano

No va a decirte ya que estás en medio de la vida

Ni que sos responsable de la construcción

Ni de la conservación de nada

Todo esto sucedió hace largo tiempo me acuerdo

No te preocupés: ya entonces era todo poco amistoso

Y por todos lados corrían activísimos

 

Aunque las escaleras estaban mucho menos polvorientas

Subieron y bajaron innumerables libros

 

Nadie puede soñar de nuevo con la isla legendaria

Aunque si entrás allí o te das cuenta de que estás allí

Hacéme caso y conservá la esperanza

Hay cosas que se dicen pero que nadie hace.

 

Por ejemplo: Jesús estaba siempre de buen humor.

 

 

 

 

 

IV.

No, decididamente no se escucha tan diminuta vocecita,

Tan mínima, casi, casi inexistente,

Que dice desde los intersticios del piso de madera,

Desde el cemento arrasado por miles de pasos,

Desde una mota de polvo que tal vez sea el sol

De otro universo recluido:

“Oí, todo saber es imaginario”.

 

 

 

V.

La condición humana es como un pequeño cocodrilo, Erasmo,

Hay quien lo lleva en su bolsillo y cuidadosamente

Sólo mete la mano cuando es rigurosamente necesario:

Hay quien cree que lo tira lejos

 

El animalito vuelve más grande el año entrante

Y arrasa los edificios a su paso

Con el imperativo de vengar la ingratitud

 

Sobre esto:

            Alguno se quedó con la baraja

De uno u otro lado va a despedirse de sus días

Con un gruñido bajo

 

Pero mientras tanto:

            No hay por qué quejarse despierto

            De las miradas que toleramos en sueños

            Aturdidos de jengibre como Amón el Profeta

            Como Amón el Profeta que ya en la edad

            Corría desnudo detrás de las langostas

            Agradeciéndole al viento los dones de la Zarza

 

Cuarenta años de desierto y sin bocado

No bastan para matar al pequeño cocodrilo

 

Incluso:

            Si Existe y si lo Ves, Erasmo,

            Te vas a poner muy nervioso y aunque

No tengas ya bolsillos ni nervios

Vas a revolver el aire de tu aire buscando cigarrillos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Garbo´s building

 

                                    Suo cimitero da questa parte hanno

                                    con Epicuro tutt´i suoi seguaci,

                                    che l´anima col corpo morta fanno.

                                    ………………………………………

                                    Yacen aquí los que creyeron cierto,

                                    con Epicuro y todos sus secuaces,

                                    que el alma muere con el cuerpo muerto.

                                                                                    Dante Alighieri

 

 

Tal vez en el Upper West Side

Y no lejos del río de la mente

Está una puerta; en el invierno

Con su pala el viejo aleja la nieve

Y en el verano con lo mismo a los rudos demonios.

 

Como todos los sirvientes se parecen al amo,

El viejo como el frente fue importado de Italia

Y debajo de su camisa de lana

-En invierno y en verano-

Está hecho de hileras de sólido ladrillo.

 

El es de Mantua –dice- y el inglés barullero

Se le cae como una piel ya estrecha

Cuando blasfema en dialecto

“Esta caldera inservible”

O “la policía otra vez ha entrado por la drogas de ése”.

 

Fiel portero de antaño,

De los que sólo servían para guardar condenados.

 

El viejo ha predicho –hace ya treinta años-

Que un día nacerá un niño maravilloso

En el maltrecho edificio.

Hay quien lo sigue esperando.

El viejo me ha dicho:

 

“Amigo, para ustedes los hispanos

No hay ningún piso especial en esta rota pocilga”

Y lo seguí mansamente a través de los montones de basura

Que nadie ha barrido nunca.

“Esto es inamovible”, dijo saltando

Agilmente sobre una pila de huesos.

Debí rodearla, avergonzado.

“Y también esto”: un tipo agonizaba

En un camastro, a la entrada.

Ni la futura viuda ni los confusos adolescentes me miraron.

“Tampoco yo tengo remedio” dijo y llamó el ascensor,

Rascándose la caspa.

 

“Los conozco a todos y de todo

Tengo la llave. Créame: no sirve

Para nada. Además, ni nos ven.

Olvide sus cuidados. Estos no van a desterrarlo.

Ni usted ni yo les importamos un cuerno.”

 

En la luna rajada del ascensor que bajaba

Había pocas cosas: unas palabras de Husserl

Y una tarde dibujada.

Nosotros ya no estábamos.

Creo también que alguien silbaba:

 

“Viven aquí los que creyeron cierto,

Con Benny Goodman y todos sus muchachos,

Que un alma nace cuando nace un cuerpo.”

No voy a acompañarlo, Siddharta:

Yo nunca hago las cosas dos veces de la misma forma.

 

Pero no tema a nadie: como usted, así son de efímeros,

Como usted, así son de estúpidos. Como usted son crueles.

 

No vayas a ensuciarte los pantalones, mi buen Arjuna.

El noveno piso es el pent house y allí vive el peor de todos.

Tené fe en lo único que posiblemente todavía sea cierto:

“Como usted, son efímeros;

Como usted, son estúpidos. Como usted son crueles.”

 

“Hulla-ba-loo, hull-ba-loo,

lullaby, lullaby,

Osiris y Adonis y el otro niño

Juntan por las escaleras

Pedacitos de muerto”,

Se fue cantando por los corredores de una nube de polvo,

El gran sombrero erecto y el reloj en la mano.

Por qué no me prestaste entonces tu intrepidez, Alicia,

Cuando necesitaba tanto tu manita pecosa

En la Casa Negra, en la Casa Oscura,

Donde bombea noche y día la Tiniebla.

 

“Simplemente

Porque todos ustedes

Desde las vidas de papel

Nos parecen idiotas.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Primer Piso: Elianne McGohan

 

Ella estuvo en Miami

Aquella noche inolvidable

En que Jim Morrison cerró las puertas

Y se subió desnuda al escenario

“The old sacred spirit is alive!”

“The ancient holy ghost is alive!”

Gritaba en brazos de la policía

Y se golpeaba el pecho hermoso y bamboleante

“Santa, santa, santa” aullaba

En vez de “miserere”

El borracho panzón desde el micrófono

Le arrojó aquel beso

Antes de que se la ocultara

La Vía Láctea que había bajado hasta el escenario

Ella hoy tiene su Ph.D.

Y él su Pére Lachaise

Ambos enseñan poco pero bueno

Tres días a la semana

Ella en el salón correctamente iluminado

El en el más oscuro rincón del baño público

Apenas los separa un muro

Y unas pequeñas, eficientes puertas:

Es una suerte para todos

-ella incluida- que conozcan

Tan bien este trabajo

Y tengan tantos años en su oficio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Segundo Piso: Eliot Di Nucci

 

Nadie estuvo en el pasado

Y ninguno habitará el futuro.

Sólo existe este departamento,

La ventana que da a Central Park,

El tedio infinito de mis piernas inválidas,

El reloj que indica que dentro de dos horas

Vendrá la enfermera profesional

No sabe todavía lo que dice.

Mi vida no importa:

Una sola cosa late entre estas desiertas paredes

Y hace mucho que no es mi corazón.

En alguna parte, en algún cajón, una Beretta 40

Recuerda que vengué a mis piernas con ella,

Un día improbable, indefinido, de 1964,

Desde esta misma silla de ruedas,

Vaciándole el cargador a Moe “Ametralladora” Carrick,

No lejos de aquí, en una esquina que he olvidado.

Debajo de la pistola un viejo diario amarillento

Da todos los detalles de mi asunto.

 

Tercer Piso: Fiona Lara Fredericksen

 

Las tapas de la mitad de las revistas de la Tierra

Ofrecen mi retrato y buena parte de ellas

Se apilan hasta el techo en este piso

Y en esta vida donde sonrío a solas.

 

Cuarto Piso: Maurice y Miriam Podolski

 

Las antigüedades no tienen lugar

En nuestro piso, son sólo para vender,

De 8 AM a 8 PM ocupan nuestras vidas

Y luego, al abordar el metro tomados de la mano,

Como lo hacemos desde hace 45 años,

Las olvidamos en el negocio cerrado.

En la casa postales de nuestros hijos,

Venidas de Israel, de Missouri y de Idaho,

De Venezuela, de Salt Lake City y de Baviera,

Desplazan a las lámparas firmadas,

Los camafeos, las espadas y los jarrones.

Todas las noches, después de cenar,

Solos en la sala, contemplamos

Esas cartulinas resquebrajadas,

donde la tinta ya se desdibuja,

donde las palabras se transforman,

como lo hicimos la primera vez,

Cuando todavía alguna de ellas

Era echada por debajo de la puerta.

La vida es algo que siempre

Hay que cuidar de las polillas.


Quinto Piso: Mohamed, Zacharias, Richard, Aldous “Crazy Horse”, Buzzy y, ocasionalmente, algunas chicas sin nombre de la B Avenue

 

Qué cuidado ponemos a pesar de las tantas veces que alguien se ha dado cuenta & han entrado en este piso los cerdos una vez derribaron la puerta & el asunto hasta salió en los diarios aunque buzzy dice que nadie ya lo recuerda de todos modos ¿qué estoy diciendo? & quién es nadie para saber de nosotros si tienes cautela hombre & si depositas cada mes cien dólares en la corte el desgraciado del dueño no logrará echarte a la calle con todos tus amigos es una ley de 1953 la que nos protege además somos veteranos

Recuerdo que richard que ahora no puede mover el brazo derecho por la heroína era el más alto del grupo & el más loco & el primero que dijo “metamos a la perra en la tina” esa vez que interrogábamos fuera de las reglas en ¿dónde? ¿a quién le importa? Algo sucedió en 1965 éramos tan jóvenes & metimos a la mujer en la tina & trajimos los bidones de napalm & un fósforo éramos tan jóvenes & estaba tan lejos la vergüenza de hanoi

Tiño mis canas como todos los demás, como hace aldous crazy horse aunque ya era calvo al entrar al servicio & le da miedo asomarse al espejo

¿Alguien se enteró? soy un negro desmemoriado pero estos cuatro blancos son todo lo que queda del pelotón & desde entonces estuvimos siempre juntos y no recuerdo si era buzzy o zacharias quien tenía el alquiler del piso ellos tampoco lo recuerdan nadie recuerda nada eso es lo bueno de este país & si tenés tacto amigo nadie te tocará el hombro & dirá ves esta placa & te leerá tus derechos

Son mi familia & regulamos el paso cada viernes sólo cada martes & viernes usamos las hipodérmicas o cuando creemos que es viernes & uno solo de nosotros sale cada tanto a buscar comida tenemos las pensiones & tenemos cuidado al andar por los pasillos o al tomar el ascensor como si el viejo charlie estuviera a las nueve & aquí ya no podemos usar los fusiles de asalto las granadas los morteros aunque cada tanto oímos los helicópteros y nos arrojamos todos cuerpo a tierra por las ráfagas en el gran salón donde no queda ya un solo mueble aunque yo guardo en alguna parte “la browing” ah zacharías que fue a la universidad la llama el poeta lakista dice estupideces dice que  “la browing” es la reencarnación de un poeta inglés

Hace 27 años que nadie se da por enterado de que seguimos aquí y eso es bueno

Traemos putas para fotografiar

 

Sexto Piso: Frances Gobernor-Coleman

 

 

Yo, la única hija de Algernon Gobernor-Coleman,

Que conocí el esplendor de este país

Antes de que llegaran los italianos, los irlandeses

Y los musulmanes, antes de que desembarcaran

Con sus hijos en el vientre los hispanos

Y los armenios y los judíos que huían de los zares,

Duermo mi sueño eterno detrás de una falsa pared

Del baño, inyectada de formol, emparedada

Por mi esposo para quedarse con toda mi fortuna.

Hace casi cien años que me pudro

Discretamente, sin olores ni gusanos,

Sin prisa, en este piso olvidado

Por albaceas, abogados y jueces.

Yo que conocí el suave contacto de la seda

Y la caricia del satén, el mimo de la piel de marta,

El aroma de la menta salvaje en la hacienda de Virginia,

Desde hace un siglo sólo rasco helados ladrillos

Colocados en apresuradas hileras frente a mi nariz

Y luego el  sudor del cemento cuando hace calor en Manhattan.

Inmóvil pero todavía de pie,

Separada para siempre de un mundo

Que hicieron los míos

Pero que ya no se me parece.

 

Séptimo Piso: Leonard Barryman

 

Vine de Minnesota con mi título y mis libros

A conquistar las universidades del Este,

A imponerme a los deseos del mundo

Demostrando que en un mismo tiempo

Viven Epicuro y Alcestes, Jorge Washington y Lincoln.

Creí que todo era posible en base a una férrea voluntad,

Como me enseñaron la iglesia metodista,

Mis otras lecturas y mi abuelo que era capaz,

A sus ochenta y un años, de doblar una herradura

Con la fuerza de sus dedos vueltos rojos y blancos.

Agonizo en una burocracia que ya tenía otros gustos,

Y mi clase está compuesta por muchachos burlones,

Que no saben ni estiman lo que representó Napoleón.

Cada noche, temo a los drogadictos al bajar del autobús

Y me escurro entre las sombras, una sombra yo mismo,

Creyendo que en mi oscuro centro aún brilla

Algún canon, que soy esa leve luz complacida de sí misma,

Aunque todo demuestre que la nieve la cubrió

Y el calor la derritió. Soy el que soy, repito

Al dejar el ascensor y desde el fondo de la penumbra

Que envuelve los pasillos mi vida entera se ríe

Y me arroja cada palabra que dije como un escupitajo.

Cuando cierro la puerta, esa risa persiste.

 

Octavo Piso: Fernando Medina y Guimaraes

 

Vivo en el piso que fue de mis padres:

Lejos quedaron sus sudores y sus pesares.

Podría vivir muy bien en otra parte,

Pero me complace recordar,

Entre estas cosas y muebles conocidos,

Que me elevé de entre los míos

Como un dios en una máquina.

Vivo en el piso que fue de mis padres:

Aquí avarientamente juntaron cada dólar

Para educarme, cuando este era un barrio despreciable

Y ellos la hez del planeta arrojada a esta playa

Todavía con vida como para engendrarme.

Y crecí como un monstruo, como algo notable.

Soy el futuro sin freno y ya nadie podrá pararme.

 

Vivo en el piso que ya fue de mis padres.

 

Noveno Piso: Pent house

 

La puerta, las paredes, el empapelado, las formas. Las cortinas, las alfombras, los ceniceros, las cómodas. Los armarios, las mesas, las sillas, los sillones. Las ventanas, los atardeceres, las madrugadas, las noches, los amaneceres. La cocina, los enseres, los utensilios, los manteles. Los pasillos, las sombras, el aire a encierro, una puerta entreabierta, la humedad, la ceniza. El polvo, las telarañas, los ruidos de la calle. El baño, las goteras, los mosaicos, el espejo, la ducha, las rajaduras, el óxido. Los insectos muertos, la mugre, las colillas, los enchufes. El dormitorio, las sábanas, los libros, las luces apagadas, las almohadas. El televisor, la radio, los cables, las revistas. El salón de estar,  el techo, la biblioteca, el par de sillones, la mesa baja, los periódicos, la lámpara de pie, el aparato de aire acondicionado. El balcón, las plantas de tiesto y el vacío.

 

Una borrachera de Pico de la Mirándola

 

Toda la habitación se mece:

“Como un trirreme en Rodas” comparó un divertido

Antes de errarle al borde de la mesa

Y caer al suelo que quedaba tan lejos,

 

Allá abajo, lejanísimo, entre nubes de risas.

 

“Debemos elevar al hombre”, susurraba Poliziano,

Grave y a la cabecera como insistió y se empecinó

Su Magnificencia. Y Poliziano tenía los ojos entrecerrados

Y las manos distantes, volantes por los aires.

 

Sin duda era el girar del centro de la Tierra

Lo que se presentaba entonces con toda su belleza

Y el asombro estaba en deducir por qué

No se volcaba la vajilla, qué contrapeso

Latía en los labrados candelabros,

Qué clavaba las sillas

A la veteada petra serena de las losas,

Porque el placer de deducir, comparar y medir

-Sobre todo las fuerzas invisibles,

Ya no los “poderes”, las fuerzas

Que empujan los higos a salir

Por las puntas de las ramas,

Las fuerzas que van y vuelven del sol,

Las que inclinan las torres poco a poco

Y engastan firmemente los bloques de mármol

En las montañas, las que sostienen

A los pesados pájaros en la cumbre del aire-

El placer de deducir, comparar y medir

Es un placer moderno, lentamente refinado

Como una gota preciosa que siempre

Estuvo a punto de caer sobre el plato sonoro,

Sin otra ayuda que el esfuerzo de unos pocos.

Qué bueno es repartir cada día la cabeza:

Los miércoles bien temprano caminar

Por los alados senderos de la geometría,

Atento y cauteloso como un extraño

Que visita una a una las vertientes

De un valle salvaje.

Tener una tarde mórbida bajo el calor

Que no se sufre en el interior de un portulano,

El que guarde, todavía, las huellas no precisas

De compases que fueron minuciosos,

Y que la noche nos encuentre

Con una manzana verde en el regazo,

A medio vaciar la botella de añejo

(Como acostumbraba a esa hora Domiciano)

Reducido el mundo al incensado hebreo

Que se eleva, seguro de sí mismo,

De unas resquebrajadas páginas triunfantes

Como nosotros sobre el tiempo,

Aunque sea por un rato, de momento.

¿Qué otras inocencias puede permitirse un hombre?

¿O qué otras marcas puede hacerse en la cara?

Para todas las exaltaciones –lo siempre

Necesario, lo cada tanto imprescindible-

Debe suprimirse la comprensión

Del peso leve en el conjunto,

Pues el solo recuerdo de aquello,

Del gran agujero negro, del púlsar

Que te bebe basta para arruinar la fiesta.

Aunque con pesar los modernos debamos

Lamentarnos de no poder escribir

Una larga oda de maldiciones

Al que cien años antes plantó

La encina que casi nos aplasta,

Como podía Quinto Horacio,

Esta sigue siendo una buena inocencia.

Y Lorenzo que comprende.

¿No es una segunda maravilla

que alguien pague las cuentas?

Ese florín de oro sólo vale

Lo que pesa en sosiego.

Decirle a Rímini que venga

Y que venga Rímini.

Tomar un doble cruz de plata

De una bolsa mohosa y ver

En su anverso reflejado

El arrugado grosor de unas velas,

Henchidas y ruidosas en su puerto de piedra

Y en el reverso el hombre que baja por la cala

Y que se vuelve y te mira con tu cara,

Antes de internarse en la marea humana

Que inunda la bahía con el parloteo

De su lengua, bárbara.

Esa lengua que dominaremos el mes entrante,

La que se abrirá para nosotros como una fruta áspera.

Y los jardines de la India entre muros leprosos

Y el perro de jade que nos ha seguido

Desde Pekín, tasado inescrupulosamente,

Y que no importe.

Los rasos y las púrpuras posibles,

Caprichoso como la mujer de un cambista

Ante el espejo, oscilando

Entre el jubón violeta y la camisa de hilo de oro

(Sin librea, por siempre sin librea)

Para acompañar al Magnífico

A las canteras de sátiros.

La humana bendición es que unas horas

Nos atormente sólo la duda entre un ropaje y otro.

Asegurarse todas las mañanas y también por la tarde,

Como apenas treinta años antes de la época

Se hacía con un rezo,

De que cuando el favor y aun la memoria declinen,

Y el temblor ocultado con vergüenza en lo público

Y negado empecinadamente en privado

Se pronuncie triunfante en las manos

Y mengüen, parejamente, la curiosidad voraz

Por las certezas y el fragor del cuerpo que la anima,

Cuando en el otro paisaje comience aquel crepúsculo

Y sonriamos estúpidos ante un plato de peras

Para luego, discretamente, recobrarnos,

Seguirá habiendo una villa donada por un muerto

Y servidores y caballos aunque terminés inválido,

Un grumo de hombre que alguien lleva

Por corredores que son suyos en una silla de manos.

Que el respeto o la pública fanfarronería

Detengan la codicia de los herederos,

Para tal fin da lo mismo,

Y que de vez en cuando te visite un ambicioso muchacho,

Sin duda tan inteligente como pobre

Porque venció mil obstáculos para ver al Maestro

Y que te oculte lo que ves de su secreto propósito

Y le perdonés lo oculto. Bondadoso, desdeñoso.

Luego con tus últimas fuerzas ayudar al traidor.

Quiera el tiempo que sea digno, de tu sangre.

Quiera el tiempo que sea digno de tu sangre.

Y la alegría de volver, querido Pico,

Al mediodía por donde pasó todo esto

Como una nube negra y blanca, ella sí

Indiferente al pescado de Nápoles y otras viandas,

Merced a la enésima copa de bianco

De nuevo en la Toscana donde sonríe

El sol nervioso del presente,

Y que un tímido halagado por Lorenzo

Con su mesa y sus sabios te pregunte

Si es verdad que hablás y lees, soñás

Y escribís en diecisiete lenguas;

Un hombre feliz de la especie que cree

Que ser culto es conocer otros idiomas.

Aquel rotundo sí que duró tantos minutos,

Tu ocurrencia festejada ruidosamente

Por los comensales, no menos dignos del Banquete.

Y la expresión asombrada del buen hombre.

A los veintinueve años, grueso y alto y pelirrojo,

De tan bella y larga cabellera,

Tu catarata de síes te ocultó para siempre

La árida negativa de un cuchillo fundido por Cellini

Y mal lavado por un Giardi o Mondolfo,

Donde sonreía el tétanos y hablaba mejor que vos,

Aquel que llamaba a los griegos

Tras un encontronazo en Ilión.

Felices o infelices y siempre algo minúsculo

Viene a sacarnos del Brueghel,

También nuestra Caverna.

 

SOBRE EL AUTOR

El poeta, narrador, ensayista y dramaturgo argentino Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Sus 24 libros de poesía, narrativa, ensayo literario y teatro se publicaron en Argentina, Chile, España, Estados Unidos,  México, Uruguay y Venezuela.

 

 

 

Membresías

 

Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, Estados Unidos, con sede en la Columbia University; de la World Poets Society (Grecia); de la International Society of Writers (Estados Unidos); del Advisory Board de World Poetry Press (India), Miembro Honorario de la sección argentina del IFLAC (International Forum for a Literature and a Culture of Peace) y de la Sociedad de Escritoras y Escritores de Argentina. Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poetes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia.

 

 

 

 

 

Principales premios literarios

 

-       Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991).

 

-       Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991).

 

 

-       Segundo Premio Bienal de

la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992).

 

-       Tercer Premio del Concurso Fundación Inca Seguros (Poesía, Buenos Aires, 1995).

 

 

-       Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de

la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996).

 

-       Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996).

 

 

-       Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996).

 

 

-       Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997).

 

 

-       Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003).

 

 

-       Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003).

 

 

-       Primer Premio Internacional para Obra Publicada “Macedonio Palomino” (México, 2008).

 

 

 

 

Obras publicadas

 

- Poemas de

la Tierra y la Memoria (poesía, Ed. Stephen and Bloom, Bs. As., 1980).

 

 - Mitologías/

La Balada de la Mujer Perdida (poesía,  Ed. Ultimo Reino, Bs. As., 1983).

 

 

 

- Poesía Inédita de Hoy (Un panorama contemporáneo de la poesía inédita argentina) (introducción, notas y selección de 100 autores, Ed. NOUS, Bs. As., 1983).

 

- Juan L. Ortiz: El Contra-Rimbaud (ensayo, 1ra. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As. 1986).

 

 

- Behering y otros poemas (poesía,  1ra. ed., Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. Ed. Cuadernos del Zopilote, México D.F., 1993).

 

 

- Guerras, Epitafios y Conversaciones (poesía, Ed. Satura, Bs. As., 1989).

 

 

- Fractal (poesía, Ed. Correo Latino, Bs. As., 1992).

 

 

- El Pasado y las Vísperas (poesía, Ed. de

la Universidad de los Andes, Venezuela, 1995).

 

- El Horror en

la Narrativa de Alberto Jiménez Ure (ensayo, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1996).

 

- Selected Poems (antología poética, selección y traducción de Verónica Miranda, Ed. Luz Bilingual Publishing, Inc. Los Angeles, EE.UU., 1996).

 

 

-

La Yegua de la Noche (poesía, Ediciones Del Castillo, Santiago de Chile, Chile, 2001).

 

-Tango del Mudo (novela, Ed. de

la Plaza, Montevideo, Uruguay, 1997. Ed. Piel de Leopardo/Wordtheque, Bs. As., 2003). Edición en e-book, Ed. Wordtheque, Bolonia, Italia, 2004: www.wordtheque.com

 

- Zapping (cuentos en e-book, Ed. Wordtheque, Bolonia, Italia, 2004);

www.wordtheque.com

 

- Jorge Luis Borges: La tiniebla y la gloria (ensayo, Ed. Ojos de Papel/Ediciones Lea, Madrid, España, 2004).

 

 

- El venenero y otros poemas (poesía, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires, 2005).

 

 

- Antología poética (antología en e-book, introducción, selección y notas de Alejandro Elissagaray, Ed. Wordtheque, Bolonia, Italia, 2005):

www.wordtheque.com

 

 

 

- La tarde del elefante y otros poemas (poesía, Ed. Ala de Cuervo, Caracas, Venezuela, 2006; 2da. edición, Ediciones Azafrán y Cinabrio, México, 2008).

 

 

- 18 Whiskies (teatro, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires, 2006).

 

 

- La novelística de Teódulo López Meléndez: escribir desde la fisura (ensayo, Ed. Ala de Cuervo, Caracas, Venezuela, 2007).

 

 

- Carl Jung: un chamán del siglo XX (ensayo biográfico, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2007).

 

- Sigmund Freud, el descubrimiento del inconsciente (ensayo biográfico, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2008).

 

 

- Erich Fromm: el amor, el psicoanálisis y el hombre (ensayo biográfico, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2008).

 

 

- Diccionario de Filosofía (2 tomos, Ediciones Pluma y Papel, Buenos Aires, 2008).

 

 

- Los cuentos de Horacio Quiroga (ensayo introductorio y selección de Luis Benítez, Editorial  Díada, Buenos Aires, 2008).

 

 

- En el país de las maravillas… (Los mejores cuentos fantásticos) (introducción y selección de Luis Benítez, Ediciones  Lea, Buenos Aires, 2009).

 

 

-¡Elemental, Watson! (Los mejores cuentos policiales) (introducción y selección de Luis Benítez, Ediciones  Lea, Buenos Aires, 2010).

 

 

- Después del crepúsculo  (Los mejores cuentos de vampiros) (introducción y selección de Luis Benítez, Ediciones  Lea, Buenos Aires, 2010).

 

 

-Gritos y susurros  (Los mejores cuentos de terror) (introducción y selección de Luis Benítez, Ediciones  Lea, Buenos Aires, 2010).

 

 

-Poemas Completos (1980-2006) (introducción por el Prof. Luis González Platón, de

la Universidad de Madrid, Ed. publicatuslibros.com, Jaén, España, 2010, 3 tomos en e-book): www.publicatuslibros.com

 

 

 

 

 

 

 

Obras sobre el autor

 

- Sobre las poesías de Luis Benítez, de Carlos Elliff (ensayo, Ed. Metáfora, Bs. As., 1991).

 

- Conversaciones con el poeta Luis Benítez, de Alejandro Elissagaray y Pamela Nader (Tomo I, 1995, Tomo II, 1997, Ed. Nueva Generación, Bs. As.).

 

 

- Itinerarios: Antología (selección y ensayo preliminar de Alejandro Elissagaray, 2001, Ed. Nueva Generación, Bs. As.).

 

 

- Poemas Reunidos (antología en  e-book, introducción, selección y notas de Elizabeth Auster, Ed.

La Sombra del Membrillo, Madrid, España, 2006) http://lasombradelmembrillo.com/VI/2009/01/poemas-reunidos/

 

 

 

- Luis Benítez: Breve Antología Poética (introducción, selección y notas de Elizabeth Auster, Ed. Juglaría, Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina, 2008; edición en e-book:

www.publicatuslibros.com, Biblioteca de Libros de Poesía, publicatuslibros.com, Jaén, España).

 

 

 

-

La Poesía es como el Aroma. Poética de Luis Benítez (ensayo, por el Prof. Dr. Camilo Fernández Cozman, miembro de número de la Academia Peruana de la Lengua, 2009, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires)

 

 

 






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