Revista Internacional de Poesía : "Poesía de Rosario" Nº 20
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Abel Ochoa



Presente y pasado

 

Mi Dios brotó del Yahuarcocha, de la luz roja

del semáforo, de los proverbios sin espada,

de la sonrisa como pandemia que anda coja,

de tus pupilas que me miran, mi apreciada hada.

 

Soy hijo de la muerte, que cabalgó por suelo

manteño, degollando quimeras desde cero.

Me parió el sol radiante hasta anochecer en duelo,

surgí de la arcilla, y vademécum, del trovero...

 

Me encanta el desengaño, cuando está en el camino

que se recorre con cariño y sin comisario,

y el anuario en blanco que se llena con el tiempo,

 

y las tertulias que despegan sin un buen vino.

En tiempos de conquistas, me quedo en el incario:

también la moda y la pelota eran pasatiempo.

 

Tercer Mundo

 

Tercer mundo aún tercerizado,

donde los tríos no son populares,

el curuchupa siempre chupa aislado,

y la jermu chismea en los bazares.

 

Nos meó un ignorante triunvirato,

la Santa Trinidad canta bajito,

sí hay tres en raya, ¡qué barato!

Ya no hay sangre que brindar, don mosquito.

 

Huelga de semáforos a tres luces.

Se disparan piropos preñadores,

carpetas de cartón con esperanza.

 

Mentiras disfrazadas de champuces,

brotan ojeras de acreedores,

envuelve todo, llega la mudanza.

 

Crónica de una ninfómana

 

Soy ninfómana, quítame las bragas.

Desdeño auroras que cercan mi vida.

Libia la herida que dejó tu daga*

impávida, entró donde estoy ceñida.

Olvidé mi inocencia un día oscuro

en el rincón del pobre priorato,

se acercó a mi silla un hidalgo impuro

y como un glotón vil comió su plato.

Persigo al río, hoy, de madrugada,

para escapar de los sueños buscando

a un hombre que me crisme a su criada,

que me salve del beato y su mando.

Soy yo desde la visita del Diablo

que con un beso cautivó mi sexo,

ahora me acuesto en camas, establos,

alfombras, sagüanes, por ser tu nexo.

No me mires más frío, te lo advierto,

cómete el veneno; no seas pijo.

Te presento, jardinero, tu huerto:

pico, pala, rastrillo; todo es rijo.

Allá va la cigarra como un ángel

que humedece con pánico sus alas.

Anhelo el crepúsculo como cárcel,

quiero debutar mis rayas de galas.

Mi lena sólo pinta en acuarelas

tu retrato dócil, mi chuchería.

Como un bourbon que difumina telas,

prendo la estufa, tómame -¡ya!- fría.

 

Sin subidas ni bajadas

 

No habituo a subir montañas rusas,

dudo de subida, temo de bajada.

Cuando esquivo balas con excusas,

descubro que la vida no es blindada.

 

Enron me mira con risas difusas,

pero no le creo sus dotes de hada.

Con vidas que suenan en una fusa,

no habrá música, como no hay covada.

 

Ir al infierno y ascender al cielo,

no lo hago mi deporte favorito,

qué fácil comerse ese caramelo.

 

En el amor y el odio sólo hay mitos,

y antes de bailar tap en rascacielos,

te doy un beso en aquel chiringuito.

 

 

 

Palestina libre

 

Las palomas se bautizaron piedras,

alzan vuelo sin mapas ni permiso.

Va dibujándose con acuarelas,

la desesperanza del insumiso.

 

Se presienten abyectas balaceras,

comienzan con un fusil indeciso.

Atesoran más rabia en la trinchera,

la muralla se vuelve paraíso.

 

Qué ficticia la paz sin libertad,

como la sombra negra en la caldera.

o una sonrisa entre la hostilidad.

 

El calvario se tapa las ojeras,

mientras todos vician la yihad,

se venden por docenas escaleras.

 

 

 

La paz para los toros

 

La paz para los toros exiliados,

de la luz de la luna que ya brilla,

de muchos campos sin la banderilla,

de la vida en un mundo de aberrados.

 

La paz para los toros encerrados,

en la caja esperando así la muerte,

en un océano de sangre inerte,

en el ring de los desafortunados.

 

Ya no llores desespero, Inocencio,

Que el tormento de a poco se va yendo

El peor canalla es el silencio.

 

¿Qué se escucha en el viento dividiendo?

Poco arte y mucha muerte yo sentencio,

Hierve el clima hostil, arde un rito horrendo.

 

La paz para los toros torturados,

con las puntas y lanzas sin sentido,

con los gritos juntos como un aullido,

con espadas de tontos disfrazados.

 

La paz para los toros mutilados,

de la esperanza cortada en un tajo,

de la oreja que escucha el desparpajo,

de la cultura de maleducados.

 

Ya no sufras ansiedad, Inocencio,

Que acaba el espectáculo tremendo,

A cada uno desde ya influencio.

 

No te afligas que llega el referendo,

Y en todas las sonrisas evidencio,

Que el Sí se escuchará como un estruendo.

 

Guayaquil

 

Este puerto que arriban ilusiones,

esta esnaqui que se usa de inodoro,

estas mujeres van en pantalones,

esta pubertad con fragancia a cloro,

esta flauta dulce suena a lujuria,

esta vía lactea llena de amor,

esta puta que da palo con furia,

este cuchillo sin afilador,

esta playa desierta sin camellos,

esta tierra saqueada por piratas,

este trono sólo para plebeyos,

este balcón que extraña serenatas,

estos besos se esconden entre cuellos,

estos maricones sin abrelatas.

este huracán de adoquines surgir,

este ídolo triste y desterrado,

este camarón no sabe conducir,

esta pastilla para el ahuevado,

este cachudo ríe en cautiverio,

esta jaba se siente como en casa,

este confesionario sin adulterio,

este brazo de taxista a la brasa,

esta luna que baila con borrachos,

esta ría que baña mojigatas,

esta mesa de risas y amigachos,

estas lágrimas no mojan ingratas,

estas musas regalan apapachos,

Guayaquil no conoce timoratas.



Crónica de una ninfómana

 

Soy ninfómana, quítame las bragas.

Desdeño auroras que cercan mi vida. 

Libia la herida que dejó tu daga*

impávida, entró donde estoy ceñida.

Olvidé mi inocencia un día oscuro

en el rincón del pobre priorato,

se acercó a mi silla un hidalgo impuro

y como un glotón vil comió su plato.

Persigo al río, hoy, de madrugada,

para escapar de los sueños buscando

a un hombre que me crisme a su criada,

que me salve del beato y su mando.

Soy yo desde la visita del Diablo

que con un beso cautivó mi sexo,

ahora me acuesto en camas, establos,

alfombras, sagüanes, por ser tu nexo.

No me mires más frío, te lo advierto,

cómete el veneno; no seas pijo.

Te presento, jardinero, tu huerto:

pico, pala, rastrillo; todo es rijo.

Allá va la cigarra como un ángel

que humedece con pánico sus alas.

Anhelo el crepúsculo como cárcel,

quiero debutar mis rayas de galas.

Mi lena sólo pinta en acuarelas

tu retrato dócil, mi chuchería.

Como un bourbon que difumina telas,

prendo la estufa, tómame -¡ya!- fría.

 

Guayaquil

 

Este puerto que arriban ilusiones,

esta esnaqui que se usa de inodoro,

estas mujeres van en pantalones,

esta pubertad con fragancia a cloro,

esta flauta dulce suena a lujuria,

esta vía lactea llena de amor,

esta puta que da palo con furia,

este cuchillo sin afilador,

esta playa desierta sin camellos,

esta tierra saqueada por piratas,

este trono sólo para plebeyos,

este balcón que extraña serenatas,

estos besos se esconden entre cuellos,

estos maricones sin abrelatas.

este huracán de adoquines surgir,

este ídolo triste y desterrado,

este camarón no sabe conducir,

esta pastilla para el ahuevado,

este cachudo ríe en cautiverio,

esta jaba se siente como en casa,

este confesionario sin adulterio,

este brazo de taxista a la brasa,

esta luna que baila con borrachos,

esta ría que baña mojigatas,

esta mesa de risas y amigachos,

estas lágrimas no mojan ingratas,

estas musas regalan apapachos,

Guayaquil no conoce timoratas.

 

Sin subidas ni bajadas

 

No habituo a subir montañas rusas,

dudo de subida, temo de bajada.

Cuando esquivo balas con excusas,

descubro que la vida no es blindada.

 

Enron me mira con risas difusas,

pero no le creo sus dotes de hada.

Con vidas que suenan en una fusa,

no habrá música, como no hay covada.

 

Ir al infierno y ascender al cielo,

no lo hago mi deporte favorito,

qué fácil comerse ese caramelo.

 

En el amor y el odio sólo hay mitos,

y antes de bailar tap en rascacielos,

te doy un beso en aquel chiringuito.

 

 

Palestina libre

 

Las palomas se bautizaron piedras,

alzan vuelo sin mapas ni permiso.

Va dibujándose con acuarelas,

la desesperanza del insumiso.

 

Se presienten abyectas balaceras,

comienzan con un fusil indeciso.

Atesoran más rabia en la trinchera,

la muralla se vuelve paraíso.

 

Qué ficticia la paz sin libertad,

como la sombra negra en la caldera.

o una sonrisa entre la hostilidad.

 

El calvario se tapa las ojeras,

mientras todos vician la yihad,

se venden por docenas escaleras.

 

 

La paz para los toros

 

La paz para los toros exiliados,

de la luz de la luna que ya brilla,

de muchos campos sin la banderilla,

de la vida en un mundo de aberrados.

 

La paz para los toros encerrados,

en la caja esperando así la muerte,

en un océano de sangre inerte,

en el ring de los desafortunados.

 

Ya no llores desespero, Inocencio,

Que el tormento de a poco se va yendo

El peor canalla es el silencio.

 

¿Qué se escucha en el viento dividiendo?

Poco arte y mucha muerte yo sentencio,

Hierve el clima hostil, arde un rito horrendo.

 

La paz para los toros torturados,

con las puntas y lanzas sin sentido,

con los gritos juntos como un aullido,

con espadas de tontos disfrazados.

 

La paz para los toros mutilados,

de la esperanza cortada en un tajo,

de la oreja que escucha el desparpajo,

de la cultura de maleducados.

 

Ya no sufras ansiedad, Inocencio,

Que acaba el espectáculo tremendo,

A cada uno desde ya influencio.

 

No te afligas que llega el referendo,

Y en todas las sonrisas evidencio,

Que el Sí se escuchará como un estruendo

Abel Ochoa nace en Guayaquil, Ecuador, en 1986. Abeloski, musicómano, diseñador, activista, sociólogo frustrado, escribe versos desde hace poco. “Crónicas de una ninfómana” es su obra con mayores elogios, 2011.






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