Revista Internacional de Poesía : "Poesía de Rosario" Nº 20
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Héctor Píccoli



El hombre de Tollund
[1]

 

 

Sobre un lecho de lodo tu cuerpo se agazapa

 

y aminora la nada el retraimiento fetal

con que fugas a un fin distinto, a un principio igual

al de todos, hierático y humilde, en la etapa

 

 

que el pantano cifró entre dos eternidades

 

como enigma ofrendado en los surcos de tu frente

a inteligencia vana, a nuestro asombro eficiente

ante el mutismo con que te muestras y te evades.

 

 

¿Es de resignación, en tus ojos, la clausura?

 

¿Vindicó en ti el poder algún delito?

¿O fuiste, simplemente, escogido para un rito

vincular con un dios, doble nuestro que apresura,

 

 

surgido apenas, siempre entrega, ley, condena,

 

por mor siempre de cierta identidad,

por que sigamos siendo los mismos, en verdad,

cada uno el fulgor que a un fénix encadena?

 

 

Con rasgos escultóricos y austeros,

 

severa y sinuosa la línea de los labios,

aquilino y ascético, admites el agravio

del cordel, la superflua tenacidad del cuero,

 

 

y hiere la modestia de tu gorro,

 

e inquiere la runa unívoca en tu piel,

y nos confina tu ardua calma tras el cancel

de nuestra desnudez sin amparo y sin socorro.

 

 

 

 

 

 

 

 

El hombre de Tollund

[2]

 

 

 

 

 

Sobre un lecho de lodo tu cuerpo se agazapa

 

y aminora la nada el retraimiento fetal

con que fugas a un fin distinto, a un principio igual

al de todos, hierático y humilde, en la etapa

 

 

que el pantano cifró entre dos eternidades

 

como enigma ofrendado en los surcos de tu frente

a inteligencia vana, a nuestro asombro eficiente

ante el mutismo con que te muestras y te evades.

 

 

¿Es de resignación, en tus ojos, la clausura?

 

¿Vindicó en ti el poder algún delito?

¿O fuiste, simplemente, escogido para un rito

vincular con un dios, doble nuestro que apresura,

 

 

surgido apenas, siempre entrega, ley, condena,

 

por mor siempre de cierta identidad,

por que sigamos siendo los mismos, en verdad,

cada uno el fulgor que a un fénix encadena?

 

 

Con rasgos escultóricos y austeros,

 

severa y sinuosa la línea de los labios,

aquilino y ascético, admites el agravio

del cordel, la superflua tenacidad del cuero,

 

 

y hiere la modestia de tu gorro,

 

e inquiere la runa unívoca en tu piel,

y nos confina tu ardua calma tras el cancel

de nuestra desnudez sin amparo y sin socorro.

 

 


 

 

 

Héctor A. Piccoli (Rosario, SFE, Argentina, 1951)

 

«Permutaciones», con E. M. Olivay, Ed. La Cachimba, Rosario, 1975;
«Si no a enhestar el oro oído», Ed. íd., Rosario, 1983;

«Filiación del rumor», Armando Vites Editor, Rosario, 1993;

«Fractales», Ciberpoesía eLe, 2002;

«Antología poética» (selección y estudio preliminar de Claudio J. Sguro; con notas del autor), editorial Serapis, Rosario, 2006 y

«Transgrama – Una poesía y una poética de la contemporaneidad», con Claudio J. Sguro, Ciberpoesía eLe, 2011.

Héctor A. Piccoli


Para Laura, oyendo un cuento que le dedicara su padre, siendo niña.


De libélula el ala, ilegible palidez

que cifra el desamparo y abisma a la criatura

en la envidia del par, escala el aire y procura

encuadernar rumor a un viso, una y otra vez;

 

 

ebria de entrega se alza hacia el fanal y sola,

 

que no la abrasa y hunde en monótona esmeralda

–de medrar, la osadía no siempre así se salda–,

sino que con color la engalana y tornasola.

 

 

Te irisa así el fulgor del alba imaginada,

 

estremece los párpados, enciende el prieto

enjambre de la seda en cabellos y mirada;

 

 

 

 

 

porque ya, donde creces, nada está sujeto

más que ese amor raigal, conque un mundo acude en cada

mera onda, a la hondura que imana y acometo.

 

 



[1] El «hombre de Tollund» es un cadáver descubierto el 8 de mayo de 1950 en un pantano ubicado 10 Km al oeste de Silkeborg (Dinamarca); se estima que procede de 292 ± 82 a. C.

[2] El hombre de Tollund es un cadáver descubierto el 8 de mayo de 1950 en un pantano ubicado 10 Km al oeste de Silkeborg (Dinamarca); se estima que procede de 292 ± 82 a. C.






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